Sentencia tribunal supremo tarjetas revolving

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Proporcionan una liquidez constante, permitiendo a los consumidores comprar cualquier cosa que les apetezca. Incluso si no hay dinero en la cuenta, la tarjeta de crédito adecuada puede hacer realidad todos nuestros deseos. Al menos eso es lo que nos quieren hacer creer los anuncios.
Esto es posible, supuestamente, gracias a una forma especial de tarjeta de crédito: la tarjeta de crédito revolving o «real», también conocida como tarjeta de crédito con pago mínimo. Estas tarjetas de crédito, que a menudo se anuncian como «gratuitas» o «sin comisiones», pueden contratarse independientemente de la cuenta corriente que el consumidor tenga en su banco. Y además de ser un medio de pago en las tiendas o en Internet, estas tarjetas proporcionan a los consumidores una forma de financiar sus compras.
Si, por ejemplo, un consumidor utiliza una tarjeta de crédito para comprar un nuevo smartphone en una tienda, la compra se contabiliza en su cuenta de tarjeta de crédito; el banco emisor de la tarjeta cobra el importe de la cuenta corriente durante varios meses. Las retiradas de efectivo en los cajeros automáticos también se contabilizan en la cuenta de la tarjeta de crédito, donde permanecen hasta la siguiente fecha de liquidación. Para el consumidor, es un sistema cómodo, pero también puede resultar caro rápidamente. Esto se debe a que el banco emisor de la tarjeta cobra intereses por los importes impagados en la cuenta de la tarjeta de crédito; en el caso de las tarjetas de crédito revolving que se ofrecen actualmente, pueden ser de casi el 20% anual. Y como los intereses del crédito se deducen mensualmente y se cobran junto con una parte del importe impagado, es posible que el consumidor no se dé cuenta de lo elevados que son – en euros y céntimos – los intereses adicionales.

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El 4 de marzo de 2020, el Tribunal Supremo español emitió una sentencia que revisa parcialmente su posición anterior en relación con los tipos de interés usurarios de las tarjetas de crédito revolving. En concreto, en la sentencia 149/2020, el Tribunal Supremo establece qué referencia ha de tenerse en cuenta para valorar si un tipo de interés de una tarjeta de crédito revolving es usurario (la Sentencia). La consecuencia de que un interés de un crédito revolving sea «usurario» es que se considerará nulo y, en consecuencia, el consumidor sólo tendrá que devolver el importe principal. Además, el consumidor tendrá derecho a solicitar al prestamista la devolución de las cantidades que excedan de esa cantidad, incluidos los intereses pagados.
En una sentencia anterior dictada en noviembre de 2015, el Tribunal Supremo español consideró que los tipos de interés de las tarjetas de crédito revolving que duplican el «tipo de interés normal», que es la referencia estándar establecida en la Ley de Represión de la Usura, son usurarios. También ha dictaminado que el «tipo de interés normal» debe determinarse por referencia a las estadísticas publicadas por el Banco de España relativas a los préstamos al consumo. Sin embargo, esas estadísticas no eran específicas para las tarjetas de crédito revolving y comprendían una amplia gama de productos de consumo, incluidos los préstamos personales, que tienen un coste de riesgo diferente.

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Aunque se exige que en todo caso el cliente esté plenamente informado de las condiciones económicas que conlleva la utilización de los distintos tipos de tarjetas, la práctica permite concluir que no siempre es así y que no siempre se informa a los consumidores de las condiciones a las que están sometidos, generando en muchos casos situaciones indeseables de sobreendeudamiento.
Las tarjetas revolving, tal y como establece el Banco de España, son un tipo especial de tarjeta de crédito, cuya principal característica es el establecimiento de un límite de crédito, cuya disponibilidad coincide inicialmente con dicho límite, que va disminuyendo a medida que se realizan los cargos (compras, retiradas de efectivo, transferencias, liquidaciones de intereses y gastos y otros) y se sustituye por los pagos (pago de recibos periódicos, devoluciones de compras, etc.), así como los intereses, comisiones y otros gastos generados, que se financian conjuntamente.
Es decir, son tarjetas de crédito que permiten la devolución del crédito de forma diferida mediante el pago de cuotas periódicas que varían en función de los importes dispuestos. Dentro de los límites establecidos por la entidad, se puede fijar el importe de la cuota, pero hay que tener en cuenta que con cada cuota pagada se reconstituye el crédito, es decir, se puede volver a disponer del importe del capital amortizado en cada cuota. De ahí su nombre de revolving, por lo que constituye un crédito que se renueva automáticamente a su vencimiento mensual, por lo que en realidad es un crédito revolving que equivale a una línea de crédito permanente. Al capital dispuesto se le aplica el tipo de interés acordado. Además, si se producen impagos, la deuda se capitaliza de nuevo con los intereses devengados.

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