Estado de alarma excepcion y sitio constitucion española

Código de derecho español

Algo a lo que sin duda ha contribuido el Tribunal Constitucional con una jurisprudencia que ha permitido una interpretación de estas categorías excepcionales dentro del prisma de un Estado constitucional moderno. Así ocurrió con la sentencia del Tribunal Constitucional en relación con la aplicación del art. 155 del TS, y creo que esta es también la orientación definitoria de la reciente sentencia sobre la declaración del estado de alarma en esta pandemia. Ni la ley de Emergencia prevista en el art. 116 SC, ni el art. 155 SC que incluye la coacción federal son ese «botón nuclear» que puede hacer estallar el Estado constitucional. En un Estado de Derecho democrático como el que define la Constitución española, por muy grave que sea el peligro que corre el Estado, no hay un soberano desnudo que decida la excepción, ni se suspenderá la Constitución sin garantías.
En cualquier caso, tratemos de reconstruir las pautas establecidas por el Tribunal Constitucional. El objeto principal de la controversia planteada ante el Tribunal Constitucional fue la decisión del Gobierno de confinar a la población para responder a la pandemia. El Gobierno adoptó esta medida decretando el estado de alarma. Sin embargo, la Constitución española sólo permite la suspensión de derechos en el marco de un estado de excepción o de un estado de sitio. La cuestión constitucional era: ¿el confinamiento de la población era una limitación intensa de la libertad que podía adoptarse en el estado de alarma o era una suspensión que sólo podía adoptarse en el marco del estado de excepción? Y, en este último caso, ¿era posible decretar el estado de excepción para hacer frente a una pandemia? La respuesta del Tribunal Constitucional ha sido que el confinamiento era inconstitucional porque una medida tan incisiva en la libertad de circulación no puede considerarse como una mera limitación, sino que, materialmente, habría supuesto una suspensión.

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Una Ley Orgánica en el derecho español bajo la actual Constitución Española de 1978 debe ser aprobada por la mayoría absoluta del Congreso de los Diputados (no sólo por la mayoría de los votantes). La Constitución Española especifica que algunas áreas del derecho deben ser reguladas por este procedimiento, como las Leyes de Desarrollo de los Derechos y Libertades Fundamentales contenidas en la sección primera del Capítulo Segundo del Título I de la Constitución, que fue la base de los Estatutos de Autonomía de las distintas comunidades autónomas de España. Antes de la Constitución de 1978 este concepto no tenía precedentes en España, pero se inspiró en un concepto similar de la actual Constitución francesa de 1958, que estableció la Quinta República francesa[1].
El artículo 81.1 de la Constitución Española dice: «Son leyes orgánicas las relativas al desarrollo de los derechos fundamentales y de las libertades públicas, las que aprueben los Estatutos de Autonomía y el régimen electoral general, y las demás previstas en la Constitución»[2].

Constitución austriaca

La enumeración de derechos establecida en este capítulo4 no excluye otros garantizados por la Constitución, ni otros de naturaleza similar o basados en la dignidad del ser humano, en los principios de soberanía del pueblo, del Estado de Derecho democrático y de la forma republicana de gobierno. (Art. 3)
El Presidente de la República, con el asesoramiento y consentimiento del Gabinete, podrá decretar por tiempo determinado en todo o en parte del territorio nacional, e informar al Congreso o a la Asamblea Permanente el estado de excepción previsto en este artículo:
1. El estado de excepción en caso de perturbaciones de la paz o del orden interno, de catástrofes o de circunstancias graves que afecten la vida de la Nación. En este caso, podrá restringirse o suspenderse el ejercicio de los derechos constitucionales relativos a la libertad y seguridad personales, a la inviolabilidad del domicilio y a la libertad de reunión y de circulación en el territorio, previstos en los apartados 9, 11 y 12 del artículo 2 y en el apartado 24, letra f, del mismo artículo. En ningún caso se podrá exiliar a nadie.

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Un estado de emergencia o poderes de emergencia es una situación en la que un gobierno está facultado para poder llevar a cabo políticas que normalmente no le estarían permitidas, para la seguridad y protección de sus ciudadanos. Un gobierno puede declarar dicho estado durante una catástrofe natural, disturbios civiles, conflicto armado, pandemia o epidemia médica u otro riesgo de bioseguridad. El Justitium es su equivalente en el derecho romano, un concepto en el que el Senado romano podía presentar un decreto final (senatus consultum ultimum) que no estaba sujeto a disputa, pero que ayudaba a salvar vidas en tiempos de conflicto.
El artículo 4 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP) permite a los Estados derogar ciertos derechos garantizados por el PIDCP en «tiempos de emergencia pública». Sin embargo, cualquier medida que derogue las obligaciones del Pacto debe ser sólo en la medida en que lo exija la situación, y debe ser anunciada por el Estado Parte al Secretario General de las Naciones Unidas. El Convenio Europeo de Derechos Humanos[2] y la Convención Americana de Derechos Humanos[3] tienen disposiciones derogatorias similares. No se permite la derogación de los Convenios Internacionales del Trabajo.

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